CASA DE LAS COLUMNAS O LA VIRGEN

 


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El edificio se construyó en el siglo XVIII, finalizándose sus obras hacia el año 1771 y lo mandó edificar D. Fernando Quintanilla y Andrade.


La fachada es de ladrillo, salvo el zócalo que está constituido por grandes bloques de piedra gris. Va estructurada horizontalmente en dos plantas y verticalmente en cuatro tramos, separados por pilastras toscanas. En cada tramo se pueden observar largas ventanas, en ambas plantas, con tejaroces.


La portada, propiamente dicha, está concebida en mármol blanco; su puerta es adintelada, de amplias proporciones y con columnas pareadas a ambos lados. Tienen capiteles toscanos y sustentan un entablamento en cuyo centro se observa el escudo de la familia de la casa; este entablamento remata en cornisa que, a su vez, sirve de base al gran balcón adintelado.

La fachada da paso a un zaguán cuadrangular con bóveda de aristas y decoración pintada en ella formando casetones octogonales. Un gran arco rebajado, cerrado con una laboriosa reja, da paso al patio de la casa.

Este está constituido por arcos mixtilíneos de ladrillo visto, que se apoyan en columnas de mármol blanco, con basamentos y capiteles toscanos; en la clave del arco aparece como adorno una ménsula. Este cuerpo del patio remata en una cornisa que da paso a la segunda planta, donde se disponen balcones adintelados enmarcados por un adorno en forma de alfiz.


El piso superior es de gran simplicidad, sus techumbres son planas, adinteladas y sólo se aprecia una cornisa que recorre en sus ángulos.


La casa pasó, años después, a ser propiedad de Don Nicolás Montalbo Coronel, y en la actualidad es sede de la Hermandad Mayor de María Santísima de Setefilla.


De generación en generación ha pasado entre las camareras de la patrona la historia de cómo Fernando de Quintanilla, bailío de la Orden de San Juan, subía a caballo hasta la ermita cuando el animal se desbocó a punto de llevarse por delante a un niño que por allí andaba. Fernando de Quintanilla se encomendó entonces a la virgen de Setefilla y, no ocurriendo ningún accidente y quedando todo en un susto, el bailío donó su cruz de Malta a la patrona en señal de agradecimiento.